Pensé que entre nosotros todo sería fugaz, como las cosas que habia hecho antes en la vida, soy poco constante y sin embargo, nunca encontraré unos ojos como los suyos…

Era el último día del mes de julio, hacía un calor axfisiante en una ciudad axfisiante, sin nada de agua, solo nubes oscuras y sudor de trabajo. Alguien se había llevado los colores de la primavera. Ella iba zombie por la ciudad, desgastada. Todavía le quedaba un ligero atisbo de esperanza de que todo iba a ir a mejor. Le habían enseñado a creer en el Karma.

“Ni las baldosas del suelo brillan…” pensaba paso a paso, de camino hacia ninguna parte.

De repente, comenzó a llover. Grandes cantidades de agua corrían por las pendientes. “Con lo monas que son mis botas de agua, qué hacen en casa”. Arriesgarse a echar a correr no parece la mejor opción, dadas mis geniales capacidades de psicomotricidad… Esperaré en este bar tomando un te caliente. Era un bar cutre, con huevos con gamba pasados, intenté no rozarme con nada al pedir. Al final había unas mesas, como estaban todas ocupadas me tomé el té de pie. En ese mismo instante, cuando saboreaba la menta entre mis labios, escuché el cascabeleo de la campanilla de la puerta, parecía que el intento de bar, podía haber mantenido un poquito de encanto después de cambio de propietario a una familia de origen chino. Era la hija china, esa que es más española que yo y mi hermana juntas. Me miró con sus ojos rasgados, esos que nunca sabes si lloran o no, aunque a mi me pareció que no era lluvia lo que le mojaba la cara. Le hablaba a su madre chinita angustiada y fuera le esperaba un chico con ojos sin rasgar pero con la misma lluvia de lágrimas. Le acababa de decir que tendría que marchar por trabajo un par de años, pero que la quería y quería que le esperara.
“Por el espiritu del dragon mas sagrado que tengáis ese país diminuto y superpoblado: huye ahora!!!” ¿Por qué no huimos juntos? Tú tampoco eres muy de aquí. Así lo conocí. No lo pensé. Al día siguiente me marche con él a Islandia. Aquí trabajamos él de cuida pájaros y yo diseñando campañas de publicidad para negocios locales. Nos apasiona nuestra vida. Vivimos cada segundo, las casualidades desde entonces nos encantan. No somos pareja, somos amigos. Aquí conocí a un lugareño dueño de una galería de arte, exponía mis vídeos a veces.
No he hablado de una historia que dejé colgada tiempo atrás. Santi. Santi era la tipica persona que despues de conocerla, conseguia que fueras capaz de oir la campanilla tintineando en la puerta de aquel bar chino, un chico que dejaba huella, porque podia ser cualquier cosa menos comun. De esas personas que pasan una vez con su tren, te avisan y te subes, pero tienes que correr un poco sino el tren se pira y tu solo te quedas mirando la estacion vacia. Cuando conoci a santi, pense que entre nosotros todo seria fugaz, como las cosas que habia hecho antes en la vida, soy poco constante, y sin embargo, nunca encontrare unos ojos como los suyos, como un abismo en el mar con millones de litros de agua por encima de mi alma, puedes asomarte pero salir de las profundidades… eso ya es otro cantar.

Mitsui y pinkuhyo

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